IT IS WELL

Quiero cantar esta canción, no sólo con mi voz, sino con mi vida. 
Aunque las tormentas y accidentes lleguen y los barcos se hundan, los amados partan al cielo antes y cuando la densa niebla no permita ver más allá. Entre aflicciones, pruebas, tristezas, luchas y afanes momentáneos, Él sabe, comprende, sostiene, es fiel y por eso: Estoy bien con mi Dios. Reyna Orozco.


"La mayoría de ustedes probablemente ha oído esta historia, pero creo que vale la pena repetirla. Horacio Spafford fue un exitoso abogado y hombre de negocios en la ciudad de Chicago a mediados de los 1800s. Él y su esposa, Anna, eran íntimos amigos y contribuyentes importantes del evangelista D.L. Moody.


En 1870 el único hijo de los Spafford murió de fiebre escarlata a la edad de cuatro años. Un año más tarde, todas las propiedades inmobiliarias de los Spaffords, ubicadas a orillas del lago (si alguna vez has estado allí, sabrás que es una propiedad muy costosa) fueron destruidas por el gran incendio de Chicago.

Sufrieron dos grandes pérdidas; claro, una más grande que la otra, perder un hijo a la edad de cuatro años, y luego perder todos sus inmuebles.

En 1873, después de haber pasado todo esto, Horacio decidió llevar a su familia a Inglaterra para un descanso muy necesario. Estaban agotados por toda la experiencia, y Moody estaba en Gran Bretaña, conduciendo allí reuniones de evangelización en ese tiempo.


La familia planeaba irse a reunir con él allí y ayudar en el ministerio. Los Spaffords viajaron juntos a Nueva York desde Chicago, donde iban a bordo de un barco para cruzar el Atlántico.
Justo antes de zarpar, surgió un problema de negocios de último minuto que Horacio debía atender. En lugar de que toda la familia retrasara su viaje, él decidió enviar a su familia primero, como habían planeado, y él los seguiría después de atender su negocio.

Así que su esposa Anna y sus cuatro hijas se fueron en el barco, mientras que Horacio se fue hacia el Oeste, a Chicago, para resolver el problema. Nueve días después, Spafford recibió un telegrama de su esposa, quien estaba, para ese entonces, ya en Gales.


El telegrama simplemente decía, "Salvada sola". En el camino de Nueva York a Europa, el barco en el que estaba su esposa y sus hijas chocó con otro barco, y en 12 minutos el barco donde estaba su esposa y toda su familia se había hundido, y 226 personas habían perdido sus vidas.


Anna había estado en la cubierta del barco con sus hijas, Anna, Maggie y Bessie, mientras estas se aferraban desesperadamente a ella, y luego ella vio cómo fueron arrastradas hacia el mar.

Su último recuerdo fue de su bebé, una niña llamada Tinetta, de cómo esta era arrancada de sus brazos por las agitadas aguas. Anna, también, fue lanzada al mar y quedó inconsciente, pero se salvó porque una tabla flotaba debajo de su cuerpo y la sostuvo hasta que fue rescatada.

Cuando Horacio se enteró de esta horrible noticia, tomó el próximo barco desde Nueva York para reunirse con su esposa en Europa. En un punto del viaje, mientras estaban todavía en el Atlántico, el capitán llamó a Horacio al puente y le dijo, "Creo que este es el lugar donde se hundió el barco en el que iba tu familia".

Horacio regresó a su cabina en el barco y fue ahí donde escribió los versos de este himno que todas hemos cantado, y que desde entonces ha traído consuelo a tantos millones de creyentes durante muchos años:

De paz inundada mi senda ya esté
O cúbrala un mar de aflicción,
Cualquiera que sea mi suerte, diré:
Estoy bien, tengo paz, gloria a Dios!
Estoy bien (estoy bien) gloria a Dios (gloria a Dios) Tengo paz en mi ser, gloria a Dios
Ya venga la prueba o me tiente Satán,
No amengua mi fe ni mi amor;
Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán
Y Su sangre obrará en mi favor
Oh cuánto me gozo en Su salvación
Fue pleno Su amor y perdón
Clavó mi pecar en la cruz lo olvidó
¡Gloria a Dios! ¡Gloria al Hijo de Dios!
La fe tornaráse en feliz realidad
Al irse la niebla veloz,
Desciende Jesús con su gran Majestad,
¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios

Ahora recuerda, que el hombre que escribió estas palabras, estaba en ese momento en un barco en el océano, justo en el lugar donde acababa de perder a sus cuatro hijas. ¿Qué estaba él pensando? Él estaba ejercitando su fe.


La fe. "El justo por su fe vivirá" (Habacuc 2:4). Él estaba enfocado en la obra redentora de Dios que hace que cualquier otro sufrimiento en la vida luzca sin importancia en comparación con la pérdida tan grande que Él tuvo.


Y luego, con los ojos de la fe, uniéndose a Habacuc y a Pedro, a Pablo, a Santiago y a Jesús, y a los santos a través de todos los siglos quienes se han unido a esta canción, él escribió al director de coro para que le pusiera música a las palabras de esta última estrofa:


La fe tornaráse en feliz realidad
Al irse la niebla veloz,
Desciende Jesús con su gran Majestad,
¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios.

Vendrá el día en que nuestra fe será vista. Sé que puede parecer un largo camino, pero la realidad es que no lo es. Así que, ¿qué haces hasta entonces? Haz lo que hizo Habacuc. Espera en silencio, e intencionalmente regocíjate.


Hay un poder increíble en el mensaje de una vida, algo con lo que has luchado y has experimentado en tu propio caminar con Dios. Yo creo que es la voluntad Dios que cuando conocemos Sus caminos, cuando aprendemos Su verdad, creo que primero Él quiere que cantemos la canción, que la vivamos nosotras mismas; no solo que se la contemos a otros, sino que la experimentemos nosotras mismas.


Vive tu salmo, tu oración, tu cántico. Dáselo al director del coro. Dile "ponle música, para que yo lo pueda cantar, para que mi familia lo pueda cantar, para que otros lo puedan cantar". Y luego únete con las multitudes celestiales cantando, "¡Alabado sea el poder del nombre de Jesús!"


Le ponemos música a nuestro mensaje de vida, a nuestro testimonio, para que otros lo puedan cantar. Y quiero decirte, que esto no es solo para unos cuantos, aunque tu esfera de influencia sea pequeña. Los que están escuchando y cantando tu cántico puede que estén en las cuatro paredes de tu propia casa o en tu pequeña iglesia o en tu pequeño grupo de estudio Bíblico o en tu pequeño grupo de amigas.


Pero, ¿sabes qué? Mientras tú cantas el canto de la fidelidad de Dios y de Su gracia, y mientras los que están a tu alrededor se aprenden el coro y el estribillo y comienzan a cantar, ¿sabes qué pasa? Se propaga.


Y un día, esta es la meta: un día toda la tierra temerá ante la presencia del Señor y cantarán, "Grande es Tu fidelidad, Oh Señor". Toda la tierra cantará. Toda la tierra.


Tú dirás, "Bueno, yo estoy cantando mi pequeña parte. Pero nadie a mi alrededor está cantando este canto". Tú sigue adelante y de todas formas cántalo. Canta de la fidelidad de Dios. De nuevo, no estoy hablando de forma literal aquí, aunque no es una mala idea tampoco.


Estoy hablando de vivir tu mensaje de vida, tu mensaje de fe en la fidelidad de Dios, para que luego puedas ver como los demás a tu alrededor empiezan a contagiarse.


Vivimos para ese día cuando la fe será vista, la oración se convertirá en alabanza, toda lágrima será enjugada, y por siempre cantaremos y cantaremos y cantaremos en la presencia del Señor".


(El Vídeo es de DesiringGod.org, cantando Jimmy Needham "It Is Well" de su álbum The Hymn Sessions; en el minuto 3 John Piper comparte sobre la canción, un resumen de la historia que aquí compartí, con su particular y profundo estilo, quizá después lo traduzca y añada aquí.
Texto de la serie Habacuc, Canta Conmigo.www.AvivanuestrosCorazones.com
Hay una traducción de "It is well with my soul" original de Horatio Spafford que se titula "Estoy bien" por Crystal Lewis)


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