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Una maestra de Su Palabra

 

Una maestra de Su Palabra


Si continuamente tienes deseos de conocer más a Dios, estudiar las Escrituras, te aplicas a ello y arde en tu corazón el compartir con otras lo que aprendes para que ellas también sean atraídas al Señor y se conviertan en Mujeres de la Palabra… pudiera ser que Dios te esté preparando para ser maestra. De hecho, todo creyente debe estar involucrado de cierta forma en enseñar, tenga un llamado específico o no a hacerlo (Mt. 28:20Heb. 4:12).

Los consejos del mundo sobre el arte de enseñar son muy diferentes a los que Dios presenta en Su Palabra, reflexionemos sobre los aspectos importantes de una Maestra de la Palabra según la Biblia.

Si eres maestra de la Biblia para tus hijos, el grupo de niños en la iglesia, otros grupos de mujeres de tu iglesia local, si enseñas en tu ciudad, estado o país o incluso internacionalmente, es muy importante considerar lo que dicen las Escrituras respecto a su enseñanza, aprendamos del Maestro de maestros (Lc. 6:20).

Te invito a visitar cada versículo de los puntos siguientes para adquirir más riqueza del consejo de Dios, es la mayor riqueza de este artículo, por favor estúdialos.

El enfoque principal siempre debe ser Dios.

Nuestro objetivo y ambición debe ser agradar a Dios (2 Co. 5:9-10).

Debemos procurar diligentemente, esforzarnos y hacer todo lo posible para presentarnos a Dios aprobadas, manejando con precisión Su Palabra (2 Ti. 2:15).

Mantengamos el asombro, respeto y temblor ante Su Palabra. ¡El Señor puede girar su cabeza en tu dirección! Él mira el espíritu contrito y humillado (Is. 66:2).

Cristo tenía la habilidad de sorprenderse (Lc.7:6-9) ¿Le sorprenderemos?, pidamos que nos encuentre llenas de fe al escudriñar, estudiar y enseñar Su Palabra.


La motivación debe ser servir y equipar el cuerpo de Cristo.

Una maestra bíblica existe para capacitar, edificar, traer unidad y crecer. (Ef. 4:11-16). Por eso es importante la actitud, ser paciente y compasiva con los estudiantes, alguien que se llena de ira fácilmente, o es impaciente, explosiva, falta de entendimiento, puede hacer más mal que bien. Cuida tu carácter, una maestra sabia, una maestra del bien deberá amar y valorar las almas.

No es sabio ser negligente y descuidar los dones de Dios, debemos reflexionar en ello y usarlos para Su gloria (Ro 12:6-71 Ti. 4:13-14).

En todo tiempo debemos mostrar integridad, ser ejemplo de buenas obras, pureza de doctrina y dignidad (Tit. 2:7).

Hay un juicio más estricto para quienes enseñan Su Palabra. Oremos que seamos encontradas fieles (Stg. 3:1).

Nuestro mensaje debe estar siempre alineado a las palabras de Jesús (1Ti. 6:3-5).

El interior y exterior debe reflejar un corazón recto.

Debemos ser ejemplo, humildes (la falsa humildad es en realidad arrogancia), recordar que todo es por gracia, prefiriendo a los demás, no exigiendo reconocimiento sabiendo que absolutamente todo proviene de Él (1 Co. 15:10).

Conservar un corazón contrito y humillado (Sal. 51:17).

Vivir de continuo en la Palabra, con sabiduría, enseñanza, amonestación, con agradecimiento y alabanza (Col. 3:16).

Llenas de sabiduría, presentando a nuestras estudiantes como maduras en Cristo (Col. 1:28).

Ser obedientes y respetuosas de la autoridad establecida por Dios (1 Ti. 2:121 Co. 14:34-35).

Enfocadas en seguir a Jesús hasta el final y enseñar lo mismo a otras (Jn. 1:37).

Te invito a buscar continuamente retener la palabra fiel, considerar importante el memorizar escrituras, para que seas capaz de exhortar con sana doctrina e incluso refutar a los que contradicen (Tit. 1:9). Recuerda que toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia (2 Ti. 3:16).

Busca que la audiencia esté comprometida para que en todo Dios sea glorificado (1 P. 4:11). Procura aprender cómo realizar con excelencia tu tarea, reflexionando y buscando siempre lo más importante.

Toma Viaje de los 30 días a través del Manifiesto de una Mujer Verdadera, pide a Dios que te transforme en una #MujerDeLaPalabra y así enseñarla a otras.

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Artículo escrito por Reyna Orozco Meraz para el Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

El material publicado en esta página se encuentra disponible para ser compartido gratuitamente, en cuyo caso, agradecemos su integridad al citar la fuente en respeto a nuestros derechos de autor.

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Disciplínate para la piedad

 

Disciplínate para la piedad



En todos mis años de escuela no recuerdo ni una sola ocasión en la cual se me haya enseñado o instruido sobre la piedad, de hecho, ni siquiera, mencionado. Se me animó a disciplinarme sobre muchas cosas, pero no sobre este aspecto. ¿Y a ti? Afortunadamente existen las familias, y allí podemos promover este tipo de enseñanzas de vida. Lamentablemente muchas familias confían demasiado en que las escuelas harán su trabajo.

Si lees y observas, años atrás se promovía que las mujeres deberían ser exitosas, productivas, relevantes, pero últimamente noto que ni siquiera es tanto eso lo que se promueve, sino que se hace un gran énfasis en que la mujer simplemente haga lo que le plazca, lo que ella considere apropiado porque es fácil, conveniente o le hace “feliz”.

¿Qué sabiduría hay en ello? ¿Dónde queda la piedad si solo hacemos lo que nos apetece? ¿Qué sucede cuando lo que se te “antoja” hacer, es algo que te daña a ti o a los demás?

Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo

para la piedad. 1ª Ti. 4:7

La piedad requiere disciplina, como todo lo que vale la pena.

En un mundo que parece desmoronarse, podemos decidir bien y elegir lo mejor: Disciplinarnos en lo importante, no porque sea fácil o sencillo, sino porque agrada a Dios.

La palabra piedad viene de la palabra latina “pietas”, la forma del sustantivo del adjetivo pius, que significa “devoto o bueno”. La piedad se define como un sentimiento que impulsa al reconocimiento y cumplimiento de todos los deberes, no solo para con Dios, sino también para con los padres, la patria, los parientes, los amigos, para con todo ser humano. Según el diccionario, significa también:

  • Virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y compasión.
  • Amor entrañable que consagramos a algo o alguien.

Al leer estas definiciones algo me queda claro: si sólo hago lo que me plazca ¿cuándo me enfocaré en deberes para con Dios o para con los demás?, Enfocarnos en nosotras mismas nos sale bastante natural, salir del ensimismamiento y letargo, eso sí que requiere más intencionalidad y carácter.

La piedad es algo que no puedes lograr o producir por ti misma, necesitamos aferrarnos a Dios y Su Palabra para disciplinarnos en ella. Al leer en el versículo “disciplínate” notemos que la palabra en sí denota la parte activa que tenemos en este proceso, activémonos en ello.

Te dejo con estas preguntas a considerar:

  • ¿Cómo te ejercitas para la piedad?
  • ¿Qué características tienen las mujeres piadosas que conoces? ¿Cómo la modelan?
  • ¿De qué mujer mayor estás recibiendo instrucción? ¿Con qué actitud recibes el consejo?
  • ¿A qué mujer joven estás instruyendo, en quién estás sembrando?
  • Si sigues viviendo como lo haces ahora, ¿cuál será tu legado?

Quizá no tengas tantos ejemplos de piedad alrededor de ti, pero puedes pedir al Señor que te transforme en uno.

Te invito a ejercitarte en las disciplinas espirituales, en el ayuno y la oración, la lectura de la Palabra, en cultivar virtud. Ser mujeres de Dios, mujeres de la Palabra, mujeres verdaderas, de carácter piadoso podrá ser difícil y nos costará todo, pero valdrá la pena. También te animo a leer biografías de héroes y heroínas de la fe para que tu vida sea inspirada en ejercitarte en este aspecto tan hermoso sobre la feminidad bíblica.

Me encantaría escuchar de ti lo que has aprendido de mujeres piadosas que haya cerca de ti o las que vayas conociendo en libros; o, sobre cómo planeas invertir en tus hijas y otras mujeres en tu círculo de influencia, porque, aunque esto no se enseñe en las escuelas, nunca es tarde para aprender y enseñar.

Oremos que Dios nos permita dejar un legado de piedad a las siguientes generaciones. 


DÍA 27. Haz el Viaje de los 30 días a través del Manifiesto de una Mujer Verdadera como un ejercicio de aprendizaje y enfocándote en llevar una vida más piadosa.

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¿Por qué no me quería casar?

 

¿Por qué no me quería casar?



Debo confesarte que mis ideas sobre matrimonio eran todo, menos verdaderas, buenas o bíblicas. Según yo, nunca me iba a casar, simplemente no era uno de mis planes, sueños o aspiraciones. ¿Qué pasó conmigo?, ¿Por qué pensaba así?

Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto. - Ro. 12:2.

Entre más escucho a esta generación, de jóvenes, adolescentes e incluso niñas, me doy cuenta que yo no era la única en pensar eso, cada vez es más común escuchar a mujeres decir: “no me quiero casar”. Pareciera que el sueño de las pequeñas de “encontrar una pareja y ser felices para siempre” ha quedado en el pasado, ahora lo común es escuchar la proclamación: “no necesito a nadie”. ¿Por qué?

Alguna vez te has puesto a pensar ¿qué voces son las que influyen y aconsejan tu definición del matrimonio? Es muy importante plantearnos este tipo de preguntas, ya que nos harán cuestionar cuál es el fundamento en el que estamos colocando nuestras ideas. Las ideas que abrazamos son importantes pues son las que dan forma a nuestra percepción del mundo. Tus creencias repercuten en tu soltería o tu matrimonio.
¿Quién define lo que crees, la Palabra de Dios o la cultura?

Películas, series, libros, opiniones diversas y muchos fracasos matrimoniales a mi alrededor dieron forma a mi definición de matrimonio. Como podrás imaginar, todo eso tuvo unas repercusiones muy fuertes en mi manera de conducirme y opinar sobre el tema. Nunca me percaté de cómo fui adoctrinada sobre ello hasta considerarlo seriamente.

Sabemos que el matrimonio no es la voluntad de Dios para todos, no es la meta, ni lo que define o da sentido a una vida, tampoco la fuente de la felicidad, no es mejor el que se casa que el que se queda soltero, ése no es el punto aquí. El propósito de este artículo no es convencerte de casarte, ni idealizar el matrimonio, lo que intento es invitarte a hacer una pausa y reflexionar en el por qué es cada vez más común que no querer casarse e invitarte a transformar tu pensamiento a la verdad bíblica, también quiero recordarte que el centro de un buen matrimonio es Cristo.

Si también creciste en una cultura rodeada de malos ejemplos matrimoniales, los cuales lucían como algo de lo cual huir, en lugar de algo deseable a lo cual aspirar o respetar, sabes que esto afecta y mucho. Piensa un poco e intenta recordar: ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste o viste en una serie, película o medio de comunicación o una pareja casada, que conozcas en persona, que honrara la importancia del pacto matrimonial?Debo confesarte que mis ideas sobre matrimonio eran todo, menos verdaderas, buenas o bíblicas. Según yo, nunca me iba a casar, simplemente no era uno de mis planes, sueños o aspiraciones. ¿Qué pasó conmigo?, ¿Por qué pensaba así?

Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto. - Ro. 12:2.

Entre más escucho a esta generación, de jóvenes, adolescentes e incluso niñas, me doy cuenta que yo no era la única en pensar eso, cada vez es más común escuchar a mujeres decir: “no me quiero casar”. Pareciera que el sueño de las pequeñas de “encontrar una pareja y ser felices para siempre” ha quedado en el pasado, ahora lo común es escuchar la proclamación: “no necesito a nadie”. ¿Por qué?

Alguna vez te has puesto a pensar ¿qué voces son las que influyen y aconsejan tu definición del matrimonio? Es muy importante plantearnos este tipo de preguntas, ya que nos harán cuestionar cuál es el fundamento en el que estamos colocando nuestras ideas. Las ideas que abrazamos son importantes pues son las que dan forma a nuestra percepción del mundo. Tus creencias repercuten en tu soltería o tu matrimonio.
¿Quién define lo que crees, la Palabra de Dios o la cultura?

Películas, series, libros, opiniones diversas y muchos fracasos matrimoniales a mi alrededor dieron forma a mi definición de matrimonio. Como podrás imaginar, todo eso tuvo unas repercusiones muy fuertes en mi manera de conducirme y opinar sobre el tema. Nunca me percaté de cómo fui adoctrinada sobre ello hasta considerarlo seriamente.

Sabemos que el matrimonio no es la voluntad de Dios para todos, no es la meta, ni lo que define o da sentido a una vida, tampoco la fuente de la felicidad, no es mejor el que se casa que el que se queda soltero, ése no es el punto aquí. El propósito de este artículo no es convencerte de casarte, ni idealizar el matrimonio, lo que intento es invitarte a hacer una pausa y reflexionar en el por qué es cada vez más común que no querer casarse e invitarte a transformar tu pensamiento a la verdad bíblica, también quiero recordarte que el centro de un buen matrimonio es Cristo.

Si también creciste en una cultura rodeada de malos ejemplos matrimoniales, los cuales lucían como algo de lo cual huir, en lugar de algo deseable a lo cual aspirar o respetar, sabes que esto afecta y mucho. Piensa un poco e intenta recordar: ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste o viste en una serie, película o medio de comunicación o una pareja casada, que conozcas en persona, que honrara la importancia del pacto matrimonial?


Lamentablemente durante mis años de soltería llené mi mente de ideas distorsionadas que promovieron bastante mi aversión hacia el matrimonio, te comparto algunas de ellas:

  • Idealización de la soltería, la idea de que “los solteros son más felices”.
  • Una promoción exagerada y exaltación del ser independiente, en lugar de promover la interdependencia. La idea de que “la soltería es libertad y la libertad es felicidad, el matrimonio te roba eso.”
  • Miedo al estancamiento“Al casarte te estancas, te aburres, amarras, atas”. Es raro que alguien te mencione que el amor crece, aprendes y maduras, que aún eres libre, pero decides y quieres permanecer en él.
  • Promoción de la promiscuidad. La idea de “puedes vivir tu sexualidad, sin ningún compromiso, cuando quieras y con cuantos quieras, no es necesario casarse para hacerlo”. Lo cual ha traído tanto dolor, enfermedades y decadencia social.
  • Difusión del matrimonio como arcaico, innecesario, no deseable, algo de lo que hay que huir, como un “estorbo” (la idea de “el matrimonio es para viejos, no está de moda, ya es cosa del pasado”).
  • El mensaje de no necesitas un hombre para ser mamá, puedes tenerlo sola, por otros medios, o adoptar (como si los hijos fueran accesorios).
  • El materialismo como meta superior (“la idea de que el soltero tiene más y disfruta más”, pues tienes más dinero para ti, para viajar y comprar lo que quieras si eres soltero, que si te casas y formas una familia).

Todo esto, mezclado con las quejas de personas casadas fue la combinación perfecta para no desear casarme, todos los argumentos opacaron lo bueno de compartir la vida con alguien, incluso ni siquiera recordaba ni consideraba que el matrimonio era una idea divina. Sí, el pecado destruye relaciones, ensucia la hermosura del diseño original, pero en Cristo hay gracia, redención y esperanza. Puedes renovar tu mente (Ro.12:2).

El principal problema con estas ideas que son ampliamente promovidas, es que sólo son ciertas si la felicidad se alcanzara al satisfacer el mayor número de deseos egoístas que mi corazón pueda concebir. Pero esto no es cierto en el Evangelio, nuestro Creador que nos conoce mejor, sabe que hay más felicidad y realización al compartir mi vida con otros, al invertir mi vida en beneficio de alguien más, que hay más bienaventuranza al dar que al recibir; que obtendremos mayor crecimiento espiritual, y mayor gozo en esta vida y en la eternidad, si salimos de nosotras mismas y vivimos para los demás. Y para lograr esto, el matrimonio y la familia son un maravilloso instrumento del Señor.


Si eres soltera te invito a observar cautelosamente de dónde viene tu definición de matrimonio y si eres casada te invito a considerar el ejemplo que das con tu vida y recordar la repercusión que tiene en la siguiente generación, trayendo luz, esperanza y vida… o todo lo contrario.


Solteras y casadas, recordemos que: El matrimonio es un pacto digno de honor y respeto, que la Palabra de Dios dicte nuestras ideas sobre el matrimonio, no la cultura.
 

DÍA 25. Hacer el Viaje de los 30 días a través del Manifiesto de una Mujer Verdadera te ayuda a comprender la belleza del pacto matrimonial.

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Artículo escrito por Reyna Orozco Meraz para el Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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¿Qué debemos preguntarnos al hospedar?

 

¿Qué debemos preguntarnos al hospedar?


Lo más natural para mí, es pensar en todos los ajustes e inconvenientes que trae consigo el hospedar; sin embargo, si creo en la Palabra de Dios, creeré también que hay bendición en hacerlo.

La hospitalidad es una característica divina en la cual debemos enfocarnos y procurar practicar. Pedir a Dios que nos ayude a ser como Él, disfrutando poner la vida por otros.

Hoy te invito a pensar en:

¿Qué aspectos debemos EVITAR
al considerar la Hospitalidad?

Hacer esta buena obra para ser vistas por los hombres.  Recordemos que siempre debemos vigilar las intenciones del corazón al hospedar, discernir si se hace para ser visto, admirado y aplaudido por los demás o para mostrar una apariencia de piedad, esa será la “recompensa” (Mt. 23:56:2).

Que el gozo y la satisfacción dependa del número de personas que se hospeda y sirve. Si tu gozo no está en Cristo, sino en lo que “haces por Él o para otros” entonces esa buena obra está en el lugar incorrecto, sin importar cuántas veces la hagas, nunca estarás satisfecha.

Condenar a quien no hospeda. Ro. 12:13 nos menciona sobre la importancia de compartir para las necesidades de otros, es una manera en que como creyentes podemos mostrar el amor; sin embargo, no debemos condenar a aquellos que no lo hacen sino enfocarnos en hacer nuestra parte y animar a los demás a hospedar, pero no condenarlos o pensar que son menos espirituales por no hacerlo.

Poner primero a los huéspedes que a la familia. La Palabra menciona que es agradable delante de Dios primero mostrar piedad para con nuestra propia familia (1 Ti. 5:48) si hay más esfuerzo y entusiasmo en atender huéspedes que a la propia familia, se debe comenzar a poner las prioridades de la vida en orden.

Hacerlo por tradición u obligación. Dios bendice al dador alegre, al abrir las puertas de tu casa y de tu vida a otra persona, estás dando de tu tiempo, dinero y esfuerzo. Si no hospedamos con alegría puede ser que sigamos siendo de ayuda para las personas hospedadas, pero quizá nos quedemos sin la bendición de Dios.




Hacer acepción de personas. Generalmente preferimos a las personas que nos caen bien, que nos son agradables, conocidos, disfrutables. La Palabra elogia cuando nos conducimos fielmente prestando algún servicio a los hermanos, en especial a los desconocidos (3 Jn. 5) esa aclaración me asombra.

Aun queriendo hacer la voluntad de Dios, me doy cuenta de lo inmersa que estoy en esta cultura egocéntrica, tiendo a enfocarme en lo mío y olvidar que hay otras personas a las cuales puedo tener la bendición de atender y servir. Que por temor a equivocarnos no perdamos la bendición de mostrar hospitalidad.

El que en He. 13:2 mencione que no nos olvidemos de la hospitalidad, es porque tendemos a hacerlo (yo reconozco que lo olvido). Quizá como a mí, también te resulte más común o sencillo enfocarte en otro tipo de buenas obras, aun así no debemos olvidar la hospitalidad.

Me pregunto cuántas veces habremos rechazado la oportunidad de hospedar ángeles porque nos ha parecido imposible o poco oportuno en ese momento.

Este pensamiento de John Piper me conmovió en gran manera:

“La gracia es la hospitalidad de Dios dando la bienvenida a pecadores; no por la bondad de ellos, sino por Su gloria. Debemos nuestra vida eterna a la gracia, misma que es la disposición de Dios de glorificar Su libertad, poder y riqueza mostrando hospitalidad al pecador”.

¿Seremos hospitalarias como Él?, ¿buscaremos pretextos para no serlo? o ¿lo haremos mal, a nuestra manera?

Oremos que ante la próxima oportunidad, podamos obrar conforme a Su ejemplo.

Día 24. Toma el Viaje de los 30 días a través del Manifiesto de una Mujer Verdadera y recuerda siempre la importancia de la hospitalidad.

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Hospitalidad Intencional

 

Hospitalidad Intencional



¿Qué piensas cuando escuchas el término “Hospitalidad Intencional”?

Yo relaciono la palabra intencional con la palabra planeado, premeditado, organizado. Para mí, ser intencional es buscar continuamente oportunidades de algo, hacerlo con propósito, con una meta, procurando que nuestras acciones tengan un objetivo, siendo conscientes, constantes, consistentes.

Como hijas de Dios nuestro objetivo y propósito es “glorificar a Dios y gozar de Él para siempre” en todo lo que hacemos y decimos, ¡qué gran meta! glorificarle siempre con fervor e intencionalidad.

Entonces ¿Qué tiene que ver todo esto con la hospitalidad? Que podemos glorificar a Dios, gozarle y reflejarle, extendiendo Su amor a través de la hospitalidad.

Algo llamó mucho mi atención de este versículo: Contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad. Ro. 12:13 y es que la palabra “practicando” está en presente continuo, es algo que se hace continuamente, y si necesitamos hacer algo repetidamente es porque aún no lo hemos dominado o porque debemos perseguirlo.

No me considero la persona más hospitalaria del mundo, me falta mucho para que sea una actitud común en mi vida, sobre todo estar lista siempre para recibir a otros. Todo esto me parece un enorme reto, aún más en esta etapa de mi vida.

Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. 1ª P. 4:8-9.

Ferviente no sólo es ser deliberado, es añadirle gusto, devoción, voluntad, entusiasmo y pasión. ¿Tú también quieres ser así?

Al leer este versículo de Pedro sé que no podré ser hospitalaria fervorosa e intencionalmente por “mis fuerzas y aguerrida voluntad” sino que requeriré la intervención divina. Su perfecto amor será mi estímulo y lo que me motive a hacerlo sin murmuración ni queja.

Debemos anhelar practicar una hospitalidad intencional y sincera, no sólo para tachar un punto en nuestra lista de “requisitos de la vida cristiana” sino que surja naturalmente por amor a los demás, por la vida de Cristo en nosotros.

Reflexiona en algunas ideas para practicar una hospitalidad intencional. Te invito a que miremos a nuestro alrededor y actuemos al respecto, te pregunto:

  • ¿Quiénes están experimentando soledad que pudieras recibirlos para ser un apoyo, compañía y amistad para sus vidas? (abre los ojos y busca a las viudas, huérfanos, madres solteras, estudiantes de intercambio, adultos con el nido vacío, personas que acaban de perder un ser querido, a los nuevos en la iglesia o comunidad) ¿Cómo les harás parte de tu vida?

  • ¿A cuáles no creyentes puedes invitar a tu vida, a tu casa, a tu iglesia para experimentar a Cristo?

  • ¿Con qué personas puedes reunirte para animarles en su vida cristiana?

  • ¿A quién de la próxima generación puedes integrar en tus actividades para enseñarles lo que te ha sido dado?

  • ¿Con quién puedes reunirte para planear juntos actividades de amor, servicio y edificación a otros?

  • ¿A quién pudieras invitar a casa para escucharles, mientras comparten alimentos, aconsejarle en gracia y verdad y luego terminar la noche orando juntos?

 

Ser hospitalario no sólo es abrir tu casa con el fin de ayudar cuando viene tu familia de fuera, o cuando hay un evento y solicitan una recámara extra para dormir. La hospitalidad no sólo es para bendición del huésped, sino que puede ser de enorme bendición para el que abre las puertas de su casa, si discierne los propósitos de Dios al hacerlo.

En la hospitalidad intencional habrá al menos uno que será el receptor de la bendición y el otro que servirá como instrumento de Dios para bendecir, reflejando bondad, favor y gracia.

Ser hospitalario intencionalmente va más allá de las necesidades apremiantes de un hogar o de la necesidad de compañía y esparcimiento, más bien es enfocarnos en los propósitos del reino.

Jamás subestimes una reunión en tu hogar, llena de ferviente amor, oración y propósito. Oremos que Dios nos permita buscar oportunidades de bendición continua e intencionalmente.

Día 24. Toma el Viaje de los 30 días a través del Manifiesto de una Mujer Verdadera y medita sobre hospitalidad intencional.

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¿Por qué rendir cuentas es importante?

 

¿Por qué rendir cuentas es importante?


- “¡Yo solo!”- es una de las primeras frases de “declaración de independencia” de los niños pequeños. Para ser honesta he tenido varios momentos cuando he considerado “conveniente” la idea de no necesitar a otros (sobre todo cuando las cosas se complican), pero es parte de nuestro diseño el que nos necesitemos unos a otros.

Ser independiente quizá te parezca en momentos como una “buena idea”, pero no es una idea bíblica, en realidad somos totalmente dependientes de Dios e interdependientes con las demás personas.  Debemos amarnos unos a otros y eso implica involucrarse. Mt 22:36-40.

En la Palabra encontramos varias razones por las cuales nos necesitamos unos a otros, al ser parte del cuerpo de Cristo todos los miembros son importantes y necesarios, se refiere a nosotros como parte de Él, los miembros de la iglesia tienen una naturaleza complementaria. 1ª Co. 12:27-29.

La iglesia, es una idea que surge en el corazón de Dios para nuestro bien, es ahí donde podemos tener comunión, apoyo, edificación, ánimo, crecimiento, así como sembrar, dar fruto y rendir cuentas a nuestros hermanos.


¿Por qué es importante rendir cuentas y ser parte de
una iglesia, de una comunidad cristiana saludable?

Meditemos en algunos porqués:

  • Todos tenemos cargas y parte de cumplir la ley de Cristo es ayudarnos a llevarlas en humildad. Gl. 6:2-4.

  • Tendemos a olvidar, por ello necesitamos que nos recuerden los caminos de Cristo. 1ª Co. 4:17.

  • Tendemos a imitar, por ello necesitamos tener y ser ejemplos dignos de imitar. Jn. 13:152 Ts. 3:73:91 Ti. 4:12Tit. 2:7.

  • Al orar unos por otros podemos ser sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho.  Stg. 5:16.

  • No lo sabemos todo, en la multitud de consejeros está la sabiduría, con muchos consejeros se hace la guerra, los planes triunfan, el pueblo no cae y obtenemos victoria. Pr. 15:22Pr. 24:6Pr. 11:14.

  • Nos ayuda a mantenernos humildes, mansos y pacientes, nos entrena en soportarnos unos a otros en amor. Ef. 4:1-2.

  • Es necesario preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Ef. 4:3.

  • Así podemos confesar nuestros pecados unos a otros. Stg. 5:16.

  • Todos debemos procurar lo que contribuye a la paz y edificación mutua. Ro 14:1.

  • Así podemos crecer en Cristo, en todos los aspectos, hablando la verdad en amor. Ef. 4:15.

  • Tendemos a cegarnos ante nuestro propio pecado, no es bueno ser sabios en nuestra propia opinión (Pr. 3:7) y es bueno tener alguien sabio que nos confronte. (Pr. 9:8).

  • Necesitamos recibir ayuda en la tentación, es una bendición recibir ánimo en las pruebas y que si uno cae el otro lo levante. Ec. 4:10.

  • Es provechoso para nosotros obedecer y sujetarnos a quienes velan por nuestras almas y permitirles que lo hagan con alegría. Heb. 13:17.

Es muy importante estar fielmente comprometidas en una comunidad cristiana saludable, además de que es muy edificante y gratificante contar con líderes y hermanos en la fe interesados en nuestro crecimiento espiritual. Esto también nos permite usar los dones y talentos que nos han sido otorgados para servir a nuestro prójimo, edificar el Cuerpo de Cristo y cumplir sus propósitos redentores en el mundo. Ro 12:6-8.

Medita en estos aspectos: Espiritualmente, ¿rindes cuentas a alguien?, ¿le facilitas o le dificultas el guiarte?

Si aún no eres parte del cuerpo de Cristo te animo a buscar una iglesia bíblica, acercarte al ministerio de mujeres y pedir ayuda para conocer más de Él, de Su Palabra, de las Buenas Nuevas y aprender de otras que llevan camino recorrido y se encargan de ayudar, aconsejar y predicar con su vida, con su ejemplo.

Si ya eres parte de una iglesia, te invito a expresar tu gratitud a tus líderes y maestros por su siembra en tu vida, es tan sencillo como llenar una tarjeta de agradecimiento, enviar un mensaje de texto, audio o video, orar juntos o comprarles un pequeño detalle. No tienes la menor idea de lo bello y significativo que es esto para animarles en su labor diaria. ¡Espero te animes a hacerlo y pasar a contarnos su reacción!

Necesitamos rendir cuentas, nos necesitamos los unos a los otros.

Día 23. Inicia el Viaje de los 30 días a través del Manifiesto de una Mujer Verdadera, y sé animada a ser parte del cuerpo de Cristo.

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