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Lo que se rinde al sembrar

 

Lo que se rinde al sembrar


¿Alguna vez te has puesto en los zapatos de un sembrador? De todas las actividades a la que se pudiera dedicar, ha elegido un trabajo que requiere mucho esfuerzo y cuyo fruto no depende completamente de su labor. Sembrar no es una ocupación muy vistosa o aplaudida. Nunca he visto a gente reunida alrededor de un sembrador sorprendida al ver sus técnicas.

Los sembradores no son populares, no tienen club de fans, ni viajan por el mundo. Ellos simplemente son fieles y constantes en trabajar su tierra. Ellos valoran el fruto en lugar del reconocimiento.

¿Has sembrado alguna vez? Mis abuelos lo hicieron por años y sé que no es glamuroso ni cómodo. Si lo intentas, sentirás cómo la tierra te ensucia y el sol quema tu piel. Tus músculos quedan muy adoloridos por el continuo levantarse, agacharse, recoger, regar, abrir la tierra, caminar. ¡Es mucho esfuerzo! Sembrar exige condición y entrega.

Sembrar no es la actividad económica más remunerada del mundo. A muchos de los sembradores les pagan un salario mínimo. Sembrar requiere vocación, dedicación e interés en algo más valioso que las finanzas.

Sembrar demanda mucha espera y paciencia.

Cuando colocas la semilla en el suelo y la cubres con tierra, muere, no sabes dará vida, crecerá y florecerá, mucho menos si dará mucho, poco o nada de fruto. Puedes regarla, pero su crecimiento no depende de ti. El lento progreso de las raíces no se ve. Sembrar implica fe.

Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento. Ahora bien, el que planta y el que riega son una misma cosa, pero cada uno recibirá su propia recompensa conforme a su propia labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.”- 1 Cor. 3:6-9

Porque quiero ser colaboradora con Dios, elegí sembrar a pesar de la dificultad que implica. Estoy invirtiendo mi vida en lo eterno. ¡Cómo quisiera ver el fruto de mi esfuerzo al siguiente día!, pero el crecimiento y la madurez precisan tiempo. La razón por la cual estoy dispuesta a trabajar y cansarme sembrando es porque sé que es una misión importante, con un futuro y una esperanza.

Me siento identificada con los sembradores. Lo que hago con mi vida, es una siembra. Mis años los estoy y estaré dedicando a sembrar. Me estoy entregando por completo, estoy sembrando semillas y cuidando plantitas. Sólo Dios y los involucrados cercanos saben lo que hago, no hay reporteros, sólo Sus ojos. Barbecho, arranco hierbas, abono, fertilizo, pongo cercos, espanto animales, mato plagas, coloco la semilla, la riego cada día. Oro, medito, pienso, observo, clamo, sonrío. Recuerdo Mateo 13 y los muchos escenarios que afectan la cosecha.

Si me permites confesarlo, a veces me espino y lloro. A veces el sol, el aire, la tierra, el desaliento, lo inesperado, son elementos que me agotan. Muchas veces me canso y siento que no puedo más. Es ahí donde el poder de Dios es manifiesto y se perfecciona en mi debilidad (2 Cor. 12:9).

Tengo constantes recordatorios de que sembrar es una labor que me queda grande, que no soy la más capacitada y que es una misión que exige más de lo que tengo para dar. El crecimiento sólo lo dará el Señor. Imagino cómo al pasar de los años recordaré todo este trabajo, sudor, dedicación y tiempo en estos campos y respiro alegre al estar contenta, feliz y satisfecha. No, no sé si yo alcanzaré a ver los resultados o sólo otros los disfrutarán, pero sabré que habrá valido la pena sembrar. La recompensa no será quizá tangible o visible a los demás, pero sé que vendrá. “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.”- Sal. 126:6


Sembrar siempre cuesta.

Se siembra compartiendo el evangelio, sirviendo a pequeños en tu iglesia o comunidad, cuidando a personas enfermas, educando hijos, sirviendo a los más vulnerables, enseñando a otras mujeres, sirviendo a un esposo o hijos con discapacidad, sirviendo en tu iglesia, aconsejando con la Palabra, llorando con quien sufre. ¡Hay tantos ejemplos de fieles acciones hechas con amor! (Me gustaría escuchar tus ideas para sembrar en otros en la sección de comentarios).

Sembrar implica rendición, te lleva al límite, pero la cosecha y el fruto para la gloria de Dios, lo vale. Sigamos sembrando. Dios es el mejor compañero, el mejor inversor, ejemplo y guía que podamos tener.

Hazlo personal:

¿Qué estamos sembrando? ¿En quiénes nos estamos invirtiendo? ¿Anhelas sembrar? ¿Estás dispuesta a tomar una labor invisible, no admirada ni envidiada, poco o nada remunerada? ¿Elegirás algo considerado como más “cómodo, divertido o exitoso" con beneficios rápidos y tangibles? ¿Estarás dispuesta a invertir en lo eterno? Te invito a orar y rendir lo que sea necesario.

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Artículo escrito por Reyna Orozco Meraz para el Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Esperanza para una mamá que se queda en casa

 

Esperanza para una mamá
que se queda en casa




Nadie tiene una vida fácil o predecible. Si estás leyendo esto, seguramente te encuentras en alguna situación difícil. La duda acecha: ¿Podré con esto? ¿Cómo seguir adelante? ¿Tendré lo que se necesita para criar a estos niños? He visitado muchas veces ese solitario lugar, donde el cansancio agobia, donde surgen tantas preguntas cuando las cosas se complican, donde se requiere mucho trabajo y fe. ¿Estás tú también ahí?

Ser mamá es un trabajo arduo y retador que nos lleva a nuestros límites. Quedarse en casa como «mamá de tiempo completo», no hace que la carga sea menos. Personalmente, es una de las cosas que más fortaleza emocional, física, mental y espiritual ha requerido de mí. Me ha hecho más consciente de mi dependencia del Señor, de cuánta sabiduría requiero cada día para edificar mi casa (Prov. 14:1). Invertir en el hogar es un gran honor y privilegio, pero muchas veces me siento incapaz (y reconozco que lo soy) de ocupar este rol.

Escribo desde una silla de ruedas, donde he estado los últimos meses. Los médicos dicen que pasaré los próximos meses con más cambios incómodos y un largo tiempo de rehabilitación. Un accidente no estaba en mis planes. Y aunque esperamos y confiamos en que todo esto pasará, no podemos negar cuánto dolor y sufrimiento hemos experimentado a causa de esto, y otros ajustes familiares. Ha sido un tiempo de muchas dificultades y reflexión.

Durante esta prueba, y también muchas veces como mamá, he sentido que no puedo resistir. La cultura valora lo poderoso, lo productivo, y lo autosuficiente, todo lo que en este momento no me caracteriza. Necesito ayuda para alcanzar cosas, para moverme, para prácticamente todo. También necesito mucha ayuda para ser mamá.

Pensé que no podría, es un arduo entrenamiento

Desde que tomé la decisión de quedarme en casa, años atrás, empecé a reconocer otras incapacidades que tengo. Mis mayores estorbos son el egoísmo y el temor. Comprendí muy pronto que el rol de mamá sería uno de los mayores retos de mi vida y que no estaba entrenada o preparada para enfrentarlo. He necesitado mucha ayuda y consejo. Ningún entrenamiento universitario me capacitó para ser mamá, ni para enfrentar las dificultades que pasa una familia.

Cada mamá tiene sus retos. Estoy en la trinchera y mi historia como madre aún no termina. Me encuentro cada día en un continuo y arduo entrenamiento. Enfrento cada día las mismas luchas que tú y otras mamás que se quedan sembrando en su hogar: esfuerzo, preguntas, trabajo, pruebas, enfermedad, pequeñas «grandes victorias» y muchísimas lecciones. Enfrento las críticas de los que piensan que debo abandonar esto, salir y buscar un trabajo «real».

Su gracia es suficiente

Como mamás nos resta un gran camino por delante y seguramente encontraremos muchas curvas. Pero en Cristo, cada día hay esperanza porque Su gracia es suficiente.

El no poder moverme bien me ayuda a encomendarme cada día al Señor. Lo necesito de una manera más real para resistir en esta prueba, incluso más que un aparato ortopédico o la ayuda de otras personas. Esto me ha recordado que seré incapaz de continuar en mi tarea de mamá si no estoy consciente de mi dependencia de Dios. Si olvidamos esto, terminaremos exhaustas y lastimadas, haciendo las cosas en nuestras propias fuerzas. Estaremos confundidas, sin dirección ni propósito.

En espera de un galardón eterno

Quiero ser una mamá presente, dedicada y fiel, aunque nadie me vea, aunque nadie me admire, aunque nadie me pague, aunque nadie me aplauda. Mi remuneración como mamá quizá no sea social, emocional o económica, pero sí será eterna. Espero que tú también decidas hacer todo como para Dios, para la audiencia de uno (Col. 3:23).

Me llena de esperanza el saber que aún cuando me siento discapacitada, como ahora lo estoy físicamente, me puedo apoyar en Él. Él me sostiene con esa esperanza futura cuando me siento débil como mamá (2 Cor. 12:9). Cuando no sé qué hacer, Él me guía. Cuando siento desmayar, me alienta. Cuando tengo dudas sobre lo que vendrá, Él es mi certeza.

Invierte tu vida en lo valioso

Si estás en enfermedad, discapacidad, dificultades económicas, problemas emocionales, o retos familiares en la etapa de la maternidad, te recuerdo hoy el gran privilegio y oportunidad que es invertir tu vida en amar, edificar y servir a tu familia. Él nos puede llevar de la mano guiándonos en el proceso, incluso en silla de ruedas y a pesar de todas nuestras carencias. Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican, por muy capacitados que se sientan (Sal. 127:1).

Para poder invertir correctamente, tenemos que estar en la Palabra, cultivando una relación y comunicación continuas con el Señor, en oración. Ser mamá es un rol que se puede llevar a cabo bien solamente confiando en Él. Tu mejor actitud no será suficiente; necesitas constante intervención divina.


Te invito a encontrar contentamiento en hacer justo lo que esta etapa de tu vida requiere. Invierte en tus hijos, siembra gozo y esperanza en tu hogar, formando seres humanos que amen y den gloria a Dios y sirvan a los demás.

La decisión que tomamos de quedarnos en casa quizá no sea la más común, la más sencilla, la más aceptada, o la más accesible. El trabajo será lento e invisible. Veamos o no el fruto de nuestras labores, agradezcamos la fiel y constante ayuda del Señor. Es mi oración que cada día demos gloria al Señor, amando y sirviendo, pase lo que pase, a pesar de todo, sin claudicar.

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Compartir el Evangelio es prioridad

 

Compartir el Evangelio es prioridad


Imagina que tienes tu vida perfecta, ésa que siempre soñaste, cómoda, feliz. Estás en una casa cálida, agradable, con tus seres queridos. Todos están sanos y compartiendo buenos momentos.

Mientras tanto, fuera de tu casa, hay un caos terrible, todas las casas de alrededor fueron dañadas por un desastre de proporciones descomunales, que aún sigue afectando a todos en la comunidad. Hay personas llorando por las calles, han perdido sus pertenencias, la mayoría llora la muerte de sus seres queridos. Hay dolor, desesperanza, llanto, hambre y muchas carencias, incluso de lo más básico.
Sales de tu casa, ves la triste situación pero en realidad no le das mucha importancia, tienes otros planes. Te enfocas en continuar con tu agenda en tu «pequeño mundo feliz», porque según tú: de todas formas «casi todo se ha perdido y no hay mucho por hacer». Abres tu auto para que varios de tus amigos saquen la enorme caja con tu nueva pantalla gigante de alta definición para instalar en tu casa. Se disponen a ver un maratón de series y películas, todo sin límite de tiempo y a comer los manjares que prepararon. Obviamente documentan el evento con fotos y selfies en sus redes sociales.

Sí, fuera de tu casa hay problemas muy serios, que van en aumento. Pero esto en realidad no importa mucho pues tú y los tuyos están a salvo, cómodos, entretenidos, satisfechos y descansando.

¿Qué tan patético suena esto? Este ejemplo exagerado suena chocante ¿no es así? Hasta un niño pequeño puede notar el contraste entre las prioridades, la ociosidad y la falta de interés dentro del mismo, lo cual lo hace un ejemplo alarmante.

Pero ¿será que algo de esta ilustración describe parte de nuestra realidad? Quizá no estemos absortas con algún dispositivo, pero ¿qué tal en muchas cosas que se consideran “buenas” que no nos permiten interesarnos e invertir en otros? Quizá sean muchas actividades, intereses, afanes, reuniones, pasatiempos, ejercicios, compromisos o diversión.

¿Qué tan cómodos estamos con nuestro grupo de «amigos cristianos felices» como para integrar a otros que necesitan a Cristo? ¿Qué tan acostumbrados estamos a una rutina de aprender y comer y enfocarnos en crecer espiritualmente pero nunca tomando el tiempo necesario para compartir, sembrar, dar, enseñar o servir a otros?

Como creyentes nuestra vida debe ser un altavoz de las buenas nuevas de salvación.


 ¿En qué momento comenzamos a sentirnos cómodas dentro de una casa segura y un grupo selecto, rodeadas de bendiciones y con tanta abundancia espiritual que nuestro amor por otros se enfría?

Mientras la vida pasa, recordemos que todos a nuestro alrededor necesitan a Cristo. Ese es el desastre del mundo, vivir una vida sin Dios e ir rumbo a una eternidad sin Él. Hay almas que se pierden, hay mucho dolor, necesidades, desesperanza y soledad.

Tenemos no sólo la sugerencia, sino la orden de ir por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura (Mc. 16:15). ¿Qué pasa? ¿Por qué no la obedecemos constantemente? Algunos pudieran decir que por: miedo, vergüenza, flojera, falta de interés, comodidad, apatía, pero siempre será por falta de compasión y de amor, por no involucrarnos en sus vidas. Yo necesito ese tipo de amor. ¿Y tú? Dios nos ayude y nos dé un corazón como el Suyo para amar a los demás.

Buscar oportunidades para compartir el evangelio de Jesucristo con los inconversos requiere iniciativa e intencionalidad. Yo la quiero tener, quiero dejar el ensimismamiento y ver más allá de mí. No pasemos la vida enfocadas sólo en «seguridad, diversión o comodidad», demos pasos de obediencia, amor y fe para compartir el evangelio con otros.

DÍA 28. Haz el Viaje de los 30 días a través del Manifiesto de una Mujer Verdadera y planea hacerlo y compartirlo con alguien, puede ser el inicio de una conversación donde le compartas el evangelio.

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Cómo combatir los pretextos para no leer el Texto.

 

Cómo combatir los pretextos
para no leer el Texto

Iré al grano: No te conformes con cosas vanas, huecas, sin sentido, sin valor. Decide hoy: Lo quiero todo, quiero Su Palabra, lo quiero a Él.

Te presento una lista de 12 pretextos comunes para no estudiar la Palabra, así como una sacudida a la realidad y una exhortación a deshacerte de ellos:

1. “Estudiar la Biblia es trabajo de Pastores y Maestros, ellos me explicarán”

¡Pretexto! ¡Todos necesitamos la Palabra de Dios! ¿Te gustaría que alguien siempre masticara tu comida y luego te la diera de comer? es algo similar con la Palabra, TÚ necesitas ir por el Pan Diario, no solo alimentarte de lo que otros ya digirieron. Lee el Salmo 119 enfocándote en la importancia de hacerlo.  “Bienaventurados los perfectos de camino, Los que andan en la ley de Jehová...los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan”. Sé tú esa bienaventurada. ¡Necesitas ir a la Fuente! y no solo acudir a ministerios bíblicos o Cristocéntricos como Aviva Nuestros Corazones y otros.

2. “No tengo tiempo”

¡Pretexto! Admito con tristeza que es uno de los más comunes y que más he usado. Minutos forman horas, horas... días, días...meses y luego de años: Tu vida. Si no apartas minutos hoy, se te irá tu existencia perdiendo una riqueza enorme. Todo tiene su tiempo (Lee todo Eclesiastés 3). Agenda tiempo para leer, así como haces con otras cosas que te interesan, hazlo desde hoy. Si tienes tiempo de leer este artículo y tus redes sociales... deberías tenerlo para leer la Biblia, ¡Elije lo mejor!

3. “No me gusta”

¡Pretexto! ¿Has visto a los niños hacer un gesto de desagrado ante un alimento que jamás han comido, así como escuchado sus quejas diciendo que no les gusta? ¡¿Cómo te va a gustar algo que no has probado lo suficiente?! Desarrolla tu paladar espiritual consumiendo la Palabra continuamente, se te antoje o no, entre más conozcas a Dios, más te gustará hacerlo. Si en realidad Lo amas, querrás escuchar Sus palabras. ¡Son más dulces que la miel!

4. “Siempre estoy muy cansada/enferma”

¡Pretexto!. Por más cansada que estés encuentras tiempo para cosas que quieres hacer, si no tienes fuerzas, clama por ellas: El da fuerzas al fatigado,
y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor. …pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, aminarán y no se fatigarán. Isaías 40:29-31. En ocasiones me he encontrado en mi cama con la audiobiblia encendida pues es la única manera en que he podido alimentarme y esa ha sido mi fortaleza.

5. “Estoy muy ocupada”

¡Pretexto! Te ocupas en lo que te interesa, ¿por qué no, en conocer la Palabra?, Porque no te interesa. Necesitamos interés, disposición y disciplina. Pienso en Josué… Si alguien estaba ocupado era Él...imagina lidiar con los problemas de más de 2 millones de personas, mucho más que un trabajo, escuela o familia y aun así tuvo la instrucción de enfocarse en la Palabra: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito…” Josué 1:8-9.

6. “No veo bien, además me duele la cabeza cuando leo”

¡Pretexto! Aunque es verdad que muchas personas tienen problemas físicos y visuales, también es cierto que existen muchas maneras de poder leer la Biblia, Puedes pedirle a alguien que te lea, también será bendecido. Existen lentes para tus ojos, biblias de letra grande, biblias en audio para escuchar, internet, ipods, ipads, celulares, etc. Si estás leyendo este artículo: puedes leer la Biblia.

7. “Tengo mucho trabajo”

¡Pretexto! Recuerda las prioridades: “Entonces el Señor tu Dios te hará prosperar abundantemente en toda la obra de tu mano, … de nuevo se deleitará en ti para bien, tal como se deleitó en tus padres, si obedeces a la voz del Señor tu Dios, guardando sus mandamientos y sus estatutos que están escritos en este libro de la ley, y si te vuelves al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. (Dt. 30:9)

8. “Mis hijos (u otros niños) que cuido no me dan oportunidad”

¡Pretexto! Si tienes hijos (u otros niños en tu esfera de influencia) no solo puedes estudiar la Palabra, sino debes estudiarla con ellos, si eres su madre, es tu obligación, si no son tus hijos puedes aun así ser una buena influencia en sus vidas, instrúyelos desde su niñez. Lee Deuteronomio 6, no es una opción, sino un mandato: Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. (v. 6-7).

9. “No sé cómo estudiar, ni cómo comprender la Biblia”.

¡Pretexto! Si lees este artículo, las noticias, blogs, redes sociales y muchas cosas más, bien puedes, seguro entenderás la Biblia, pues es un libro vivo. Pregunta, investiga, acércate a alguien que sepa cómo, pídele ideas de cómo empezar, aquí en esta página queremos ayudarte continuamente, revisa los siguientes: planes de estudio, incluso si eres principiante en el estudio de la Biblia hay muchas herramientas para ti.



10. “Me surgen muchas preguntas que nadie
puede responderme, mejor me quedo así”

¡Pretexto! Pide sabiduría. Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Santiago 1:5) Job se sintió así… mira: “Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? … Te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:1-5). Ora. Busca una iglesia bíblica, una mentora o consejera, sigue preguntando, finalmente encontrarás a alguien que pueda responder, Dios provee.

11. “En vacaciones o en algún momento libre leeré más
para compensar todo lo que no he leído hasta ahora”.

¡Pretexto!. Necesitamos Su Palabra diariamente, oremos así: Danos hoy el pan nuestro de cada día. Mateo 6:11. No solo el alimento físico, también el espiritual. No podemos vivir años sin comer y en un sólo día comer todo lo que necesitaremos para el resto de la vida. Si has tenido tiempo sin acercarte a la Palabra, no te rindas, puedes comenzar otra vez. Te invito a comenzar por el Reto de 30 días de lectura Bíblica.

12. Tengo muchos problemas como para enfocarme en leer.

¡Pretexto! Tu problema principal es de prioridades, lee el Salmo 37 para enfocar tus prioridades correctamente. Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón. Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, que Él actuará (vv.4 y 5).

Pudiera continuar … al parecer somos especialistas en pretextos (dímelo a mí), necesitamos poner nuestros ojos en Jesús.

Que al ocaso de nuestra vida podamos decir: “Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos, de continuo, hasta el fin”. Oremos juntas: “Comienza Tu obra en mí, Señor; Sostenme, y seré salva, y me regocijaré siempre en Tus estatutos, quiero dejar atrás mis argumentos, indiferencia y pereza, por favor Señor, hazme una #MujerdelaPalabra, con tu ayuda lo podré hacer, haré mi parte, háblame Señor ahí”. Amén.

Día 18. El Viaje de los 30 días a través del Manifiesto de una Mujer Verdadera anima a dejar a un lado la pereza y los pretextos y convertirte en una #MujerdelaPalabra.

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Artículo escrito por Reyna Orozco Meraz para el Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Sé una mujer de la Palabra

 

Sé una mujer de la Palabra 

Por: Reyna Orozco Meraz.



Reconozco que por mucho tiempo tuve (y a veces todavía me visita) una idea muy romántica, idealista e irreal de ser una #MujerDeLaPalabra. Al escuchar el término, ¿Cómo la visualizas? Imagino a una mujer siempre llena de ganas, fuerzas, entusiasmo, pasión, ánimo, inteligencia, disciplina y mucho tiempo para estudiar. Aunque todo eso se necesita, ahora creo que solamente se trata del deseo de honrar a Dios, de conocerle y ser una mujer obediente a Él. Todo lo demás será alineado a esa obediencia conforme a Su voluntad.

La realidad es que convertirse en una Mujer Bíblica no será sencillo pues requerirá trabajo, obediencia, constancia e intencionalidad de nuestra parte. Debemos estudiar Su Palabra por amor, pero también por deleite en ella y porque es un mandato.

Nuestra vida espiritual y nuestro corazón es lo que dicta nuestras acciones, motivaciones y deseos. ● ¿Cómo está nuestro interior? ● ¿En qué nos estamos enfocando? ● ¿Qué nos atrae más que la Palabra del Dios vivo?

Recientemente terminé de leer el libro Mujer de la Palabra, de Jen Wilkin (puedes leer una reseña aquí) y si algo me quedó claro es que para convertirme en una Mujer de la Palabra, requeriré tomar decisiones constantemente (ella menciona en su libro la importancia de tener propósito, perspectiva, paciencia, un proceso y oración entre otras herramientas útiles, si puedes adquiérelo).

Si vamos a ser Mujeres guiadas por las Escrituras, necesitaremos acudir a ella continuamente y vivir Su mensaje, ser consistentes, quizá no nos será fácil, ni natural al principio, pero recordemos que la estudiamos por tener una relación con el Autor y no por llenar nuestra cabeza de conocimiento. Hacerlo será un gozo que además tiene muchos beneficios para nuestra vida.

Lo que necesitamos no es más pasión, o motivación o deseo de convertirnos en mujeres bíblicas, sino más obediencia, más amor por conocerle, honrarle, relacionarnos con Él, disfrutarle y hacer Su voluntad.

Para ello necesitamos sacudirnos la flojera, indiferencia, pasividad y mediocridad.

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Juan 5:39.

El amor de Dios se expresa en Su llamado a que creamos y vivamos Su Palabra, escudriñarla es una decisión a obedecerle.

“Pudiera motivarte a leer por los “beneficios” de la Biblia, o por la “motivación” que traerá a tu vida, pero si no te interesa que es un mandato divino a obedecer, no me queda más qué decir. Como creyentes es un deleite y también una obligación …. Pudiera invitarte a estudiar la Biblia para edificación personal; pudiera intentar el arte de la persuasión para estimularte a la búsqueda de la felicidad. Podría decir que el estudio de la Biblia sería probablemente la experiencia educativa más satisfactoria y gratificante de tu vida. Podría citar numerosos motivos por los que te beneficiarías de un estudio profundo de la Escritura. Pero en última instancia, la razón principal por la que debes estudiar la Biblia es porque es nuestro deber. Si la Biblia fuera el libro más aburrido del mundo, sin interés y aparentemente irrelevante, aún sería nuestro deber estudiarlo. Si su estilo literario fuera torpe y confuso, ese deber se mantendría. Vivimos como seres humanos en virtud de una obligación por mandato divino de estudiar diligentemente la Palabra de Dios. Él es nuestro Soberano, es Su Palabra y ordena que la estudiemos. Un deber no es una opción. Si aún no has comenzado a responder a ese deber, entonces necesitas pedir a Dios que te perdone y tomar la determinación de tu deber de hoy en adelante.

No es opción, no es sugerencia, es algo que debemos tomar con seriedad y disfrutarlo en gran manera, así que te exhorto: Sé una mujer de la Palabra y anima a otras a lo mismo.

Te invito a usar el hashtag #MujerDeLaPalabra en tus redes sociales para compartir de esta hambre por el Pan de Vida, los versículos en los que estás meditando o memorizando y ver lo que otras mujeres alrededor del mundo están leyendo. Recordémonos unas a otras continuamente la importancia de valorar la Biblia.

Hazlo Personal:

  • ¿Qué te está distrayendo de la Palabra? ● ¿Te das cuenta de que leer las Escrituras es un gran privilegio lleno de bendición y beneficios a tu vida?
  • ¿Qué es lo que más está ocupando tus pensamientos, tus motivaciones, tus deseos la mayor parte del tiempo? ● ¿Por qué no quieres obedecer, leerla, memorizarla y vivirla?

Día 18. El Viaje de los 30 días a través del Manifiesto de una Mujer Verdadera te exhorta a convertirte en una #MujerDeLaPalabra.

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¿Qué es lo que más amas?

 

¿Qué es lo que más amas? 

Por: Reyna Orozco Meraz.



Hace tiempo, como una dinámica para conocernos más en un estudio bíblico para mujeres, les pregunté: “¿Qué es lo que más amas?”, inmediatamente surgieron respuestas: -la familia, logros personales, el ejercicio, el esposo, los hijos, las amistades, el viajar, su iglesia, los regalos, servir y sentirse útiles, las mascotas, dormir, la comida, el trabajo, ir de compras, los libros, la música, el arte, algún pasatiempo, etc…- Estas respuestas me dejaron muy pensativa, llamó mi atención que se mencionaron tantas cosas, pero ninguna respuesta tenía como centro de su amor a Cristo, ¡y se supone que todas las del grupo Le conocíamos!

Cuando un escriba preguntó “¿Cuál mandamiento es el más importante de todos?” Jesús respondió: El más importante es: Escucha Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es; y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza”. Marcos 12:29–30.

Observemos el énfasis tan importante que le dio a este punto antes de mencionar ningún otro otro mandamiento o instrucción. Aquí no hay lugar para un corazón dividido, ni para otros afectos. Jesús advierte que nadie puede servir a dos señores, terminaremos aborreciendo a uno y amando al otro, apegados a uno y despreciando al otro (Mateo 6:24). ¿Qué amamos? ¿En dónde está nuestro enfoque, atención y lealtad? ¿Qué o quién controla nuestras vidas?

Vivimos en una sociedad que se enfoca tanto en “producir”, en “resultados”, en “números”, que en ocasiones pudiéramos perder el enfoque y pensar que estamos amando más a Dios porque le “estamos sirviendo más” o “haciendo más cosas por Él y los demás” cuando en realidad no es así. Te comparto mi testimonio respecto a ese tema. También existe el otro enfoque actual, uno más relajado, que se concentra en el “entretenimiento”, en la “diversión”, en todo aquello que no me cause ningún trabajo, disciplina o esfuerzo, sino solo esparcimiento sin importar y ni siquiera considerar lo superfluo que sea (lamentablemente también tengo varias historias al respecto).


Lo que más amamos, guía nuestra vida, cada una de nuestras decisiones, nuestro todo.

En Apocalipsis 2 leemos un fuerte mensaje de Jesús a la iglesia de Éfeso, mismo que siempre me ha estremecido y que también me anima a estar alerta al estado de mi engañoso corazón: “Yo conozco tus obras, tu fatiga y tu perseverancia, y que no puedes soportar a los malos, y has sometido a prueba a los que se dicen ser apóstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos. ‘Tienes perseverancia, y has sufrido por mi nombre y no has desmayado. ‘Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor. ‘Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio; si no, vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar, si no te arrepientes”.

¿En qué nos enfocamos más? ¿en nuestras “buenas obras”? ¿en “servir a otros”? ¿“en soportar las pruebas”? ¿en dar un “buen ejemplo de vida cristiana”? o ¿en no batallar? ¿en sólo “disfrutar”, sin dar la milla extra? ¿en “divertirnos”, entretenernos?

Hemos de tener un amor genuino por Dios, mismo que orientará todos nuestros deseos, afectos y enfoque; lo que hacemos, decimos y elegimos.

HAZLO PERSONAL. En oración preguntémonos:

¿Es verdaderamente mi deseo conocer a Cristo de manera real y profunda?
¿Es Dios mi fuente de felicidad, mi guía, mi todo?
¿Qué cosas (pecados, actitudes, personas, hábitos, actividades, vicios, pasatiempos, planes/metas/sueños) me están estorbando para amarle con todo lo que soy? ¿Estoy dispuesta a dejarlas por seguir a Cristo?
¿Cómo puedo experimentar y nutrir una relación más cercana con Él, buscarle, conocerle más?
¿Qué pasos intencionales daré para alimentar y fortalecer mi relación con Él?

    Día 16. Inicia el Viaje de los 30 días a través del Manifiesto de una Mujer Verdadera y enfócate en el Único Digno de recibir todo tu amor.

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    Artículo escrito por Reyna Orozco Meraz para el Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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